Hermès llevó su obsesión por el diseño a un terreno inesperado: convertir vegetales en esculturas. Para celebrar su flagship de Londres, la maison trabajó con Studio Boum y el estudio floral Flùr London en una serie de instalaciones suspendidas construidas con zanahorias, flores, follaje y otros productos frescos.
El concepto partió de elementos esencialmente británicos, transformando el espacio en una mezcla entre invernadero y cobertizo de jardinería. Los vegetales cultivados en Reino Unido terminaron convertidos en enormes chandeliers, jugando con la idea de elevar materiales cotidianos y efímeros hasta convertirlos en objetos visualmente cercanos al lujo.
La ejecución también tuvo sus complicaciones. El equipo tuvo que considerar el peso, la estructura y el deterioro natural de cada ingrediente, manteniendo los materiales refrigerados hasta poco antes del montaje. Incluso seleccionaron hojas específicas para conservar la apariencia de vegetales recién cosechados. El resultado: una instalación surrealista que demuestra que, bajo la mirada correcta, hasta una zanahoria puede convertirse en diseño.


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