La pintura de Diego Aizpuru parte del paisaje, pero rara vez permanece en él. En Anatomía de un refugio, su nueva exposición en La Araucaria Casa de Arte, el artista mexicano construye escenarios donde la naturaleza, la arquitectura y la memoria se entrelazan para crear territorios que existen entre el recuerdo y la imaginación.
La muestra reúne una serie de pinturas recientes en las que árboles, montañas, viviendas y vegetación dejan de representar lugares específicos para convertirse en composiciones fragmentadas. Inspirado en la experiencia de recorrer y habitar un territorio, Aizpuru transforma esos elementos en imágenes que evocan la sensación de un sitio más que su representación exacta.
El texto curatorial de Napoleón Camacho Brandi plantea que la obra se mueve entre la tradición del paisaje y la abstracción. Esa idea se hace evidente en piezas como Aquello que no podemos olvidar (2026), donde los colores intensos y las formas difusas convierten el paisaje en un espacio psicológico que invita al espectador a reconstruir sus propios recuerdos.


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