En LATINOU, en la Roma Norte, un Volkswagen emerge parcialmente de la arena frente a un atardecer que no cambia. Así se construye AtardeSer, la exposición de Rodrigo Ímaz que propone una escena suspendida donde el tiempo parece detenido.
Curada por Luis Ramaggio, la muestra no plantea una narrativa directa. En su lugar, articula un espacio donde los elementos —la luz, la escala, los objetos— generan una sensación de desplazamiento. El coche, asociado al movimiento, aparece inmóvil; el paisaje, fijo; la arena, avanzando.
El proyecto funciona como una lectura visual sobre el desgaste y la persistencia. Más que representar un final, plantea un estado intermedio donde las cosas continúan existiendo, aunque hayan perdido su función original.


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