Apple cierra oficialmente un capítulo con la desaparición del Mac Pro, eliminando su workstation insignia de su lineup sin planes de futuras iteraciones. El modelo, que durante años representó el máximo nivel de potencia dentro del ecosistema Mac, desaparece de forma silenciosa mientras la marca redefine qué significa “pro” en la era Apple Silicon.
La última versión, equipada con el chip M2 Ultra, buscaba posicionarse como la máquina definitiva para creativos, pero nunca logró justificar su lugar frente a alternativas internas más compactas. Con un precio inicial de $6,999 USD y decisiones polémicas como sus ruedas de $699 USD, el Mac Pro terminó siendo más símbolo que solución dentro de un mercado en cambio.
El golpe final vino desde casa. El Mac Studio, más pequeño, accesible y con un rendimiento comparable, terminó por desplazarlo. Sin soporte para GPUs externas y con una arquitectura que ya no aprovechaba su diseño modular, el Mac Pro dejó de tener sentido en los flujos de trabajo actuales. Más que el fin de un producto, es el cierre de una era para Apple.


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